La concentración verdadera es un hilo ininterrumpido de conciencia.
La conciencia debe ser como los rayos del sol: extendiéndose por todas partes, iluminándolo todo.
El yoga es tan antiguo y tradicional como la civilización, pero persiste en la sociedad moderna como un medio para lograr vitalidad esencial. Sin embargo, el yoga exige que desarrollemos no solo fuerza en el cuerpo, sino atención y conciencia en la mente. El yogui sabe que el cuerpo físico no es solo el templo de nuestra alma, sino el medio con el que emprendemos el viaje hacia adentro, hacia el núcleo.
El entrenamiento de la mente y el cuerpo conduce a la conciencia del alma.
Debes llenar cada centímetro de tu cuerpo con la asana, desde el pecho y los brazos y las piernas hasta las puntas de los dedos y los pies, para que la asana irradie desde el núcleo de tu cuerpo y llene todo el diámetro y la circunferencia de tus extremidades. Debes sentir tu inteligencia, tu conciencia y tu mente en cada centímetro de tu cuerpo.