Parece que hemos sido divididos y limitados debido a nuestra ignorancia; y nos hemos convertido, por así decirlo, en esa pequeña señora así y así y ese señor así y así. Pero toda la naturaleza está diciendo mentiras a esta ilusión, momento tras momento. Yo no soy ese pequeño hombre o esa pequeña mujer separados de todo lo demás; yo soy la una existencia universal. El alma, en su propia majestad, se eleva cada momento y declara su Divinidad intrínseca.
El estado meditativo es el estado más alto de la existencia. Mientras exista el deseo, no puede venir una felicidad real. Solo el estudio contemplativo, como de testigo, de los objetos nos trae verdadero disfrute y felicidad. El animal tiene su felicidad en los sentidos, el hombre en su intelecto y el dios en la contemplación espiritual. Solo para el alma que ha alcanzado este estado contemplativo el mundo se vuelve realmente hermoso. Para quien no desea nada y no se mezcla con ello, los múltiples cambios de la naturaleza son un solo panorama de belleza y sublimidad.
Solo hay un Alma en el Universo. No hay “tú” ni “yo”; toda variedad se funde en la unidad absoluta, la una existencia infinita: Dios.
Queremos adorar a un Dios vivo. No he visto nada más que a Dios toda mi vida, ni tú... Él está en todas partes, diciendo: “Yo soy”. En el momento en que sientes “Yo soy”, eres consciente de la Existencia. ¿Adónde iremos para encontrar a Dios si no podemos verlo en nuestros propios corazones y en cada ser vivo?
La razón misma de la existencia de la naturaleza es la educación del alma; no tiene otro significado.
Si la religión y la vida dependen de libros o de la existencia de cualquier profeta, ¡entonces que perezcan toda religión y todos los libros! La religión está en nosotros. Ningún libro ni maestro puede hacer más que ayudarnos a encontrarla, y aun sin ellos podemos obtener toda la verdad dentro. Ten gratitud por los libros y los maestros sin estar atado a ellos; y adora a tu Guru como Dios, pero no le obedezcas ciegamente; ámalo todo lo que quieras, pero piensa por ti mismo. Ninguna creencia ciega puede salvarte; trabaja tu propia salvación. Ten solo una idea de Dios: que Él es una ayuda eterna.