La fe absoluta e incuestionable en Dios es el mayor método de sanación instantánea. Un esfuerzo incesante por despertar esa fe es el deber más alto y más gratificante del ser humano.
No se puede saber cuándo uno va a ser sanado, así que no intentes fijar un límite de tiempo exacto. La fe, no el tiempo, determinará cuándo se efectuará la curación.
La ausencia de miedo significa fe en Dios: fe en su protección, en su justicia...
Las palabras impregnadas de sinceridad, convicción, fe e intuición son como bombas de vibración altamente explosivas que, al activarse, rompen las rocas de las dificultades y crean el cambio deseado.
Si una hija designada muere por accidente sin dejar un hijo, el esposo de la hija designada puede, sin vacilar, tomar esa herencia.