El Tao no pertenece ni al saber ni al no saber. El saber es una comprensión falsa; el no saber es una ignorancia ciega. Si realmente entiendes el Tao sin duda, es como el cielo vacío. ¿Por qué arrastrar el bien y el mal?
El agnóstico, el escéptico, es neurótico, pero esto no implica una filosofía falsa; implica el descubrimiento de hechos a los que él no sabe cómo adaptarse. El intelectual que intenta escapar de la neurosis escapando de los hechos solo está actuando según el principio de que “donde la ignorancia es dicha, es locura ser sabio”.
Cuanto mayor es el científico, más impresionado está con su ignorancia de la realidad, y más se da cuenta de que sus leyes y etiquetas, sus descripciones y definiciones, son productos de su propio pensamiento. Le ayudan a usar el mundo para fines que él mismo ha ideado, en lugar de entenderlo y explicarlo.