Puesto que os hemos creado a todos a partir de una misma sustancia, os corresponde ser como un solo alma: caminar con los mismos pies, comer con la misma boca y habitar la misma tierra, para que, desde vuestro ser más íntimo, mediante vuestras obras y acciones, se manifiesten las señales de la unidad y la esencia del desapego. ¡Así es mi consejo para vosotros, asamblea de luz!
Tan poderoso es la luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra.
El amor es una luz que nunca habita en un corazón poseído por el miedo.
Una lengua amable es el imán de los corazones de los hombres. Es el pan del espíritu; reviste las palabras de significado; es la fuente de la luz de la sabiduría y la comprensión…
La palabra de Dios es una lámpara, cuya luz son estas palabras: “Vosotros sois los frutos de un solo árbol, y las hojas de una sola rama. Tratad unos con otros con el máximo amor y armonía...” Tan poderosa es la luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra.
El hombre es como el acero, cuya esencia está oculta: mediante amonestación y explicación, buen consejo y educación, esa esencia se hará visible. Pero si se le permite permanecer en su condición original, la corrosión de los deseos y las apetencias lo destruirá eficazmente.
Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad. Sé justo en tu juicio y cuida tu forma de hablar. Sé una lámpara para quienes caminan en la oscuridad, y un hogar para el forastero. Sé ojos para los ciegos y una luz guía para los pies de quien yerra. Sé un soplo de vida para el cuerpo de la humanidad, un rocío para el suelo del corazón humano, y un fruto sobre el árbol de la humildad.