Nuestras manos absorben como raíces, así que las pongo sobre lo que es hermoso en este mundo. Y las pliego en oración, y ellas extraen luz de los cielos.
Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, siembra amor; donde haya ofensa, perdón; donde haya duda, fe; donde haya desesperación, esperanza; donde haya oscuridad, luz; y donde haya tristeza, alegría. Oh Maestro Divino, concédeme que no busque tanto ser consolado como consolar, ser entendido como entender, ser amado como amar.
Jesús se alegra de venir con nosotros, como la verdad se alegra de ser dicha, como la vida se alegra de ser vivida, como la luz se alegra de ser encendida, como el amor se alegra de ser amado, como la alegría se alegra de ser dada, como la paz se alegra de ser difundida.
Alégrate, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor Hermano Sol, que es el día y por medio del cual nos das la luz. Y él es hermoso y radiante con grandes esplendores y lleva el reflejo de ti, Oh Altísimo.
Donde haya oscuridad, que haya luz.
Toda la oscuridad del mundo no puede extinguir la luz de una sola vela.