Creo que el mismo esfuerzo por convertir a cualquiera es violencia: es interferir en su individualidad, en su singularidad, en su libertad.
Es imposible perseguir la felicidad. Nadie la ha perseguido jamás. Hay que esperarla. Y ni siquiera es un derecho. Ningún tribunal puede obligarte a ser feliz ni obligar a que la felicidad esté contigo. Ninguna violencia gubernamental es capaz de hacerte feliz. Ningún poder puede hacerte feliz.
Meditar no es hacer directamente algo a tu violencia, no es hacer nada a tu celos, a tu odio. Es simplemente traer luz a tu casa, y la oscuridad desaparece.