Hacer felices a los demás, mediante la amabilidad al hablar y la sinceridad de los consejos correctos, es una señal de verdadera grandeza. Herir el alma de otro con palabras sarcásticas, miradas o insinuaciones es despreciable.
Si quieres estar triste, nadie en el mundo puede hacerte feliz...
Una sonrisa genuina distribuye la corriente cósmica, Prana, a cada célula del cuerpo. El hombre feliz está menos sujeto a enfermedades, porque la felicidad en realidad atrae al cuerpo una mayor provisión de energía vital universal.
La felicidad consiste en hacer felices a los demás, renunciando al interés propio para traer alegría a los otros.
Cuando servimos a los demás, nos servimos a nosotros mismos. No pienses: “ayudaré a otros”; piensa más bien: “ayudaré a mi propio ser, a mi mundo”, porque de otro modo no podría ser feliz.
“Mundo” es un término amplio, pero el hombre debe ampliar su lealtad, considerándose a sí mismo a la luz de ser ciudadano del mundo... Una persona que verdaderamente siente: “El mundo es mi patria; es mi América, mi India, mis Filipinas, mi Inglaterra, mi África”, nunca carecerá de alcance para una vida útil y feliz. Su orgullo local natural conocerá una expansión ilimitada; estará en contacto con corrientes creativas universales.
Sé tan simple como puedas; te sorprenderá ver cuán sencillo y feliz puede llegar a ser tu vida.
Conserva la energía vital, sigue una dieta equilibrada y sonríe siempre y sé feliz. Quien encuentra alegría dentro de sí descubre que su cuerpo está cargado con corriente eléctrica, energía vital: no de la comida, sino de Dios. Si sientes que no puedes sonreír, ponte frente a un espejo y con los dedos tira de tu boca para formar una sonrisa. ¡Es así de importante!
Si posees felicidad, posees todo: ser feliz es estar en sintonía con Dios.
Es una bendición para ti y para los demás si eres feliz.