Cuando ves la felicidad en la felicidad de los demás, entonces es cuando serás verdaderamente feliz.
Estar incondicionalmente feliz es una práctica: “Pase lo que pase, hoy voy a sonreír. ¡De todos modos, todo va a morir! ¡Todo va a desaparecer y se va a desvanecer—¡y qué! ¿A quién le importa? Al menos dejadme ser feliz, sonreír este momento, disfrutar mi propia respiración.”
La mejor forma de adoración es ser feliz, estar agradecido.
Lo Divino se regocija en que tú seas feliz. Dios, o la Creación, se alegra tanto cuando tú estás feliz. Cuando bailas, cantas y saltas de alegría, eso es verdadera oración, verdadera meditación. La meditación es una fuente de gozo, una éxtasis; y lo Divino disfruta eso más. A lo Divino no le gusta tu sufrimiento.
El florecimiento espiritual simplemente significa florecer en la vida en todas las dimensiones: ser feliz, estar a gusto contigo mismo y con todos los que te rodean.
La vida es más que la materia. Si fuera solo materia, no habría necesidad de consuelo. La materia no siente consuelo ni incomodidad, belleza ni fealdad, amor ni compasión, alegría ni tristeza. ¿Acaso una silla alguna vez se sentiría triste o feliz? No, la materia no tiene esos valores más finos. Pertenecen al reino del espíritu. Pero la vida también es más que el espíritu. Si fuera solo espíritu, no habría necesidad de agua, comida o descanso. La vida humana es una combinación de ambas: materia y espíritu.
Cuando estás feliz, el tiempo parece más corto; cuando estás triste, el tiempo parece más largo. ¡Y en la meditación trascendemos el tiempo!
Mantener la mente feliz hace que el trabajo sea sin esfuerzo. ¡Esa es la habilidad para la productividad!
La miseria no la da nadie ni nada en la vida. Es tu propia mente la que te hace miserable o feliz y elevado.
No pospongas tu felicidad hasta alguna fecha futura perfecta. Sé feliz ahora; mañana se encargará de sí misma.
El deseo, o la aspiración, surge cuando no eres feliz. ¿Lo has visto? Cuando estás muy feliz, hay satisfacción. La satisfacción significa ausencia de deseo.
Si te entristece el dolor de otro, entonces el dolor nunca llegará a ti. Si te alegras con la alegría de otro, entonces la alegría nunca te abandonará.