La meditación depende de la fuerza de la mente. Debe ser incesante incluso cuando uno está ocupado en el trabajo. El tiempo específico para ella está destinado a los principiantes.
Pon tu carga a los pies del Señor del universo, que siempre es victorioso y lo realiza todo. Permanece todo el tiempo firme en el corazón, en el Absoluto Trascendental. Dios conoce el pasado, el presente y el futuro. Él determinará el futuro para ti y realizará la obra. Lo que deba hacerse se hará en el momento adecuado. No te preocupes. Quédate en el corazón y entrega tus actos a lo Divino.
El tiempo es solo una idea. Solo existe la Realidad. Lo que tú pienses que es, así se ve.
El tiempo es solo una idea. Solo existe la Realidad. Lo que tú creas que es, así se ve. Si lo llamas tiempo, es tiempo. Si lo llamas existencia, es existencia, y así sucesivamente. Después de llamarlo tiempo, lo divides en días y noches, meses, años, horas, minutos, etc. El tiempo es inmaterial para el Camino del Conocimiento.
Lo que existe en verdad es solo el Yo. El mundo, el alma individual y Dios son apariencias en él. Como la plata en la nácar, estas tres aparecen al mismo tiempo y desaparecen al mismo tiempo. El Yo es aquello donde no hay absolutamente «yo pensé». Eso se llama «Quietud». El Yo mismo es el mundo; el Yo mismo es «yo»; el Yo mismo es Dios; todo es Siva, el Yo.
...el Señor del Universo lleva toda la carga de este mundo. Tú imaginas que la llevas. Puedes entregarle todas tus cargas a su cuidado. Lo que sea que tengas que hacer, se te hará un instrumento para hacerlo en el momento adecuado. No pienses que no puedes hacerlo a menos que tengas el deseo de hacerlo. El deseo no te da la fuerza para hacerlo. Toda la fuerza es del Señor.
Todas las actividades y acontecimientos por los que un cuerpo ha de pasar están determinados en el momento de la concepción.