Te digo una cosa: si quieres paz mental, no culpes a los demás.
Te digo una cosa. Si quieres paz mental, no busques defectos en los demás. Más bien aprende a ver tus propios defectos. Aprende a hacer que todo el mundo sea tuyo. Nadie es un extraño, hijo mío; todo este mundo es tuyo.
Abre tu corazón afligido al Señor. Llora y reza con sinceridad: “Oh Señor, llévame hacia Ti; concédeme paz de mente”. Al hacerlo constantemente, gradualmente alcanzarás paz de mente.
La felicidad del mundo es pasajera. Cuanto menos te apegues al mundo, más disfrutarás la paz mental.
Hijo mío, te bendigo desde el corazón para que vivas mucho, alcances la devoción y disfrutes la paz. La paz es lo principal. Solo se necesita paz.