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Citas sobre los ojos de Hazrat Inayat Khan

  • Como puede verse cuando los ojos están abiertos, así se puede entender cuando el corazón está abierto.
  • Antes de hacer la paz, es necesaria la guerra, y esa guerra debe hacerse con nuestro propio yo. Nuestro peor enemigo es nuestro yo: nuestras faltas, nuestras debilidades, nuestras limitaciones. ¡Y nuestra mente es tan traicionera! ¿Qué hace? Oculta nuestras faltas incluso ante nuestros propios ojos, y nos señala la razón de todas nuestras dificultades: ¡los demás! Así nos engaña constantemente, manteniéndonos inconscientes del enemigo real, y nos empuja hacia esos otros para luchar contra ellos, mostrándolos como nuestros enemigos.
  • Si existe una renuncia santa, es renunciar a pequeñas ganancias por mejores ganancias; no por ninguna ganancia, sino viendo con los ojos abiertos qué es mejor y qué es inferior. Incluso si la elección tiene que estar entre dos ganancias momentáneas, siempre se encontrará que una es más real y duradera; esa es la que debe seguirse por el momento.
  • Hay dos maneras en que podemos alcanzar el control sobre nuestra actividad. La primera es la confianza en el poder de nuestra propia voluntad: saber que si hoy fallamos, mañana no lo haremos. La segunda es tener los ojos bien abiertos y observar con atención nuestra actividad en todos los aspectos de la vida. Es en la oscuridad donde caemos, pero en la luz podemos ver hacia dónde vamos.
  • En un asunto pequeño o en uno grande, primero consulta contigo mismo y averigua si hay algún conflicto en tu propio ser sobre lo que quieres hacer. Y cuando no encuentres conflicto, entonces siéntete seguro de que ya hay un camino hecho para ti. Solo tienes que abrir los ojos y dar un paso hacia adelante, y el otro paso será guiado por Dios.
  • En los ojos de un vidente, cada hoja de un árbol es una página del Santo Libro y contiene revelación divina.
  • Cuando abro los ojos al mundo exterior, me siento como una gota en el mar. Pero cuando cierro los ojos y miro hacia adentro, veo todo el universo como una burbuja elevada en el océano de mi corazón.
  • La creencia y la incredulidad han dividido a la humanidad en tantas sectas, cegando sus ojos ante la visión de la Unidad de toda la Vida.