Quienes tienen ojos perspicaces disfrutan de la belleza en todas partes.
El reino de Dios está justo detrás de la oscuridad de los ojos cerrados, y la primera puerta que se abre hacia él es tu paz.
Dios es la vida detrás de tu vida, la visión detrás de tus ojos, el sabor detrás de tu lengua...
Justo detrás de la oscuridad de los ojos cerrados brilla la luz de Dios. Cuando contemplas esa luz en la meditación, aférrate a ella con fervor devocional. Siente que estás dentro de ella: ahí es donde Dios habita.
Que mi alma sonría a través de mi corazón y mi corazón sonría a través de mis ojos...