No esperes nada de nadie; esa también es una gran libertad. No esperes que las cosas sean diferentes ni que la gente esté a tu servicio, ni tu propia vida ni tus proyecciones. Siente gradualmente ese desapego natural. No mires constantemente con los ojos de la relación y del pasado, etc. Mantente fiel a tu propio descubrimiento; deja el resto y la vida se encargará de ello.
Cuando uno está sin ego, se vuelve inmediatamente libre de todos los juicios personales y percibe la vida y el mundo con ojos y mente divinos. Nada les resulta ofensivo y permanecen siempre en perfecta serenidad y paz.