La gratitud es una actitud humilde, abierta y llena de oración que te ayuda a recibir más de la gracia de Dios.
Considera cualquier trabajo que hagas como un trabajo que proviene de la voluntad de Dios.
Todo es Dios; no hay nada más que Dios.
Cuando te levantes por la mañana, deja que tu primer pensamiento se dirija hacia Dios.
Dios está de pie en la puerta de cada corazón. Llámalo. Está esperando para entrar.
Si soltamos nuestros gustos y aversiones, nos convertiremos en vasijas aptas para recibir la gracia de Dios que fluye sin cesar.
Llorar ante Dios durante cinco minutos equivale a una hora de meditación.
No es bueno dar dinero a todos los que mendigan; da comida o ropa en su lugar. Pueden malgastar el dinero que les damos en bebidas y drogas. No deberíamos darles la oportunidad de equivocarse. Intenta no verlos como mendigos, sino como Dios mismo.
La gente piensa que Dios quiere nuestras ofrendas. Dios no necesita nada de nosotros. Él es el dador. Es como el sol: el dador de la luz.
Toma una decisión firme: «Pase lo que pase, seré feliz. Seré fuerte. Dios está siempre conmigo».
Ni un solo grano de la comida que comemos se hace puramente con nuestro propio esfuerzo. Lo que nos llega en forma de alimento es el trabajo de otros, la generosidad de la Naturaleza y la compasión de Dios. Incluso si tenemos dólares, todavía necesitamos comida para saciar nuestro hambre. ¿Podemos comer dólares? Por lo tanto, nunca comas nada sin antes orar con humildad.
Justo debajo de la superficie de todas las experiencias de la vida está el rostro compasivo de Dios, o del Gurú.
El primer paso en la vida espiritual es tener compasión. Una persona amable y amorosa nunca necesita ir a buscar a Dios. Dios se precipita hacia cualquier corazón que late con compasión: es el lugar favorito de Dios.
Cualquier trabajo que hagamos, nuestra mente debe estar centrada en Dios.
Ora a Dios: Está bien si no me amas, pero ¡por favor deja que yo te ame!
Cada ser vivo en la naturaleza es parte del cuerpo de Dios.
Pensar que Dios quiere algo de nosotros es como mostrar una vela al sol.
Si seguimos aferrándonos a Dios, no hay nada que temer.
Siente tus oraciones, siente tu mantra y sentirás a Dios.
Ten la convicción de que Dios es tu único pariente y amigo verdaderos.