Dios no está ni manifiesto ni oculto; no está ni revelado ni no revelado; no hay palabras para decir lo que Él es. Está sin forma, sin cualidad, sin decadencia.
Para encontrar a Dios, debes dar la bienvenida a todo.
Mientras Dios espera a que Su templo sea construido con amor, los hombres traen piedras.
Cada niño llega con el mensaje de que Dios aún no se ha desanimado del hombre.
A menos que hayas encontrado a Dios en tu propia alma, todo el mundo te parecerá sin sentido.
Creo en un mundo espiritual—no como algo separado de este mundo—sino como su verdad más íntima. Con la respiración que tomamos debemos sentir siempre esta verdad: que estamos viviendo en Dios.