Cuando te subas a tu coche, después de cerrar la puerta, detente unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de un sentido silencioso pero poderoso de presencia.
Presta atención a la brecha: la brecha entre dos pensamientos, el breve espacio silencioso entre palabras en una conversación, entre las notas de un piano o una flauta, o la brecha entre la inhalación y la exhalación. Cuando prestas atención a esas brechas, el conocimiento/conciencia de «algo» se vuelve: solo conciencia. La dimensión sin forma de la conciencia pura surge desde dentro de ti y reemplaza la identificación con la forma.
Ser consciente de tu respiración te obliga al momento presente: la clave de toda transformación interior. Cada vez que eres consciente de la respiración, estás absolutamente presente. También puedes notar que no puedes pensar y, al mismo tiempo, ser consciente de tu respiración. La respiración consciente detiene tu mente.
Yo soy el agujero en la flauta por el que fluye el aliento de Dios.
Una respiración consciente, entrando y saliendo, es meditación.