Confía en Dios y destruye el miedo, que paraliza todos los esfuerzos por tener éxito y atrae precisamente aquello que temes.
Tememos a la muerte por el dolor y por el pensamiento de que podríamos ser aniquilados. Esta idea es errónea. Jesús se mostró en forma física a sus discípulos después de su muerte. Lahiri Mahasaya regresó en la carne al día siguiente de haber entrado en mahasamadhi. Ellos demostraron que no habían sido destruidos.
Analízate a ti mismo. Todas las emociones se reflejan en el cuerpo y en la mente. La envidia y el miedo hacen que el rostro palidezca; el amor lo hace brillar.
Enfrentar incluso la muerte no debería intimidarte. El miedo a la muerte es ridículo, porque mientras no estés muerto estás vivo, y cuando estás muerto ya no hay nada más de qué preocuparse.
El miedo fue dado al ser humano como un dispositivo de precaución para ahorrarle dolor; no está destinado a cultivarse ni a abusarse de él.