La práctica de la Meditación Trascendental crea una situación natural en la mente, de modo que la mente alberga pensamientos correctos, pensamientos útiles, pensamientos que la naturaleza aprecia y cuya realización se trabaja mediante todas las leyes de la naturaleza.
Con la práctica de la meditación profunda, la mente contacta la Conciencia de Bienaventuranza del Espíritu y se vuelve más pacífica, feliz, creativa y poderosa. Este estado de mente enriquece todos los valores de la vida material.
La dicha se vuelve dichosa con la práctica. En nuestra propia dicha se unen el deseo, el que desea y el proceso de desear: son uno. El deseo se cumple en su fuente.