Un principio es un principio y en ningún caso puede rebajarse por nuestra incapacidad de vivirlo en la práctica. Tenemos que esforzarnos para lograrlo, y el esfuerzo debe ser consciente, deliberado y arduo.
Practicar la no violencia en asuntos mundanos es conocer su verdadero valor.
Una onza de práctica vale más que toneladas de predicación.
No nos corresponde invocar en nuestras oraciones diarias las bendiciones de Dios, el Compasivo, si a su vez no practicamos la compasión elemental hacia nuestros semejantes.
He sentido que el Gita nos enseña que lo que no puede seguirse en la práctica diaria no puede llamarse religión.
Un principio es la expresión de la perfección, y como seres imperfectos como nosotros no podemos practicar la perfección, ideamos en cada momento límites para su compromiso en la práctica.