Renuncia a todas las formas de imitación servil. Empieza a practicar lo que de verdad sientes que es verdadero y justo. No hagas un espectáculo de tu fe y tus creencias. No tienes que abandonar tu religión, pero sí abandonar el apego a la cáscara del mero ritual y la ceremonia. Para llegar al núcleo fundamental de la Verdad que subyace a todas las religiones, ve más allá de la religión.
Las experiencias que inducen las drogas están tan alejadas de la Realidad como un espejismo del agua. No importa cuánto persigas el espejismo, nunca apagarás tu sed, y la búsqueda de la Verdad a través de las drogas debe terminar en desilusión.
Penetrar en la esencia de todo ser y de su significado, y liberar la fragancia de ese logro interior para guiar a los demás, expresándolo en el mundo de las formas—verdad, amor, pureza y belleza—: este es el único juego que tiene un valor intrínseco y absoluto. Todos los demás acontecimientos, incidentes y logros, en sí mismos, no pueden tener una importancia duradera.
Cuando estalla la burbuja de la ignorancia, el sí mismo reconoce su unidad con el Sí mismo indivisible. Las palabras que proceden de la Fuente de la Verdad tienen un significado real. Pero cuando los hombres pronuncian esas palabras como si fueran suyas, las palabras se vuelven sin sentido.
La forma es energía solidificada; la energía es una expresión de la mente; la mente es el espejo cubierto de la Eternidad; y la Eternidad es la Verdad, que ha arrojado la máscara de la mente.
No hay diferencia en la realización de la Verdad ya sea por un musulmán, un hindú, un zoroastriano o un cristiano. La diferencia está solo en las palabras y los términos. La Verdad no es monopolio de una raza o religión en particular.
Todas las religiones son iguales para mí. Y todas las castas y credos me son queridos. Pero aunque aprecio todos los “ismos”, religiones y partidos políticos por muchas cosas buenas que buscan lograr, yo no y no puedo pertenecer a ninguno de esos “ismos”, religiones o partidos políticos, porque la Verdad Absoluta, incluyéndolos por igual, los trasciende a todos y no deja espacio para divisiones separativas que son igualmente falsas.
Dios ha venido una y otra vez en diversas Formas, ha hablado una y otra vez con palabras diferentes y en lenguas diferentes la Misma Única Verdad; pero ¿cuántos hay que vivan de acuerdo con ella? En lugar de convertir la Verdad en el aliento vital de su vida, el ser humano transige una y otra vez, convirtiendo esa Verdad en una religión mecánica: un bastón práctico en el que apoyarse en tiempos de adversidad, una bálsamo que calma su conciencia o una tradición que seguir.
La verdad es simple, pero la Ilusión la vuelve infinitamente intrincada. Es raro quien posee un anhelo insaciable por la Verdad; el resto permite que la Ilusión los ate cada vez más.