Mediante la concentración nos volvemos de un solo punto, y mediante la meditación expandimos nuestra conciencia hacia el Vast(o). Pero en la contemplación crecemos hasta convertirnos en el Vast(o) mismo. Hemos visto la Verdad. Hemos sentido la Verdad. Pero lo más importante es crecer dentro de la Verdad y llegar a ser totalmente uno con la Verdad. Si nos concentramos en Dios, podemos sentir a Dios justo delante de nosotros o a nuestro lado. Cuando meditamos, es inevitable sentir el Infinito, la Eternidad, la Inmortalidad dentro de nosotros. Pero cuando contemplamos, veremos que nosotros mismos somos Infinito, Eternidad, Inmortalidad.
La meditación no es una huida. La meditación es aceptar la vida en su totalidad, con la intención de transformarla para la más alta manifestación de la divina Verdad aquí en la tierra.
Un buscador sincero sabe cuál es su meta: la Verdad más alta. No retrasará su viaje. En la vida espiritual aspiramos a la Verdad más alta, a Dios, nada más.
El silencio le dice al buscador que hay en nosotros que ame, que se ame a sí mismo. Nos dice que está mal odiarnos a causa de nuestras imperfecciones. Cuando el buscador se ama a sí mismo, ama al Divino dentro de sí, finalmente realiza la Verdad Última.
La meditación es el ojo que ve la Verdad, el corazón que siente la Verdad y el alma que realiza la Verdad.
Lo que llamamos nuestra alegría, Dios llama nuestra perfección. Cada ser humano ha venido al mundo con el mensaje de la perfección. Cada ser humano un día realizará la Verdad más alta. Cada ser humano está destinado a cumplirse. Es el derecho de nacimiento de nuestra alma.
Una verdad de un instante puede y hará el mundo hermoso. Una paz de un instante puede y salvará el mundo. Un amor de un instante puede y hará perfecto el mundo.
No te preocupes por cosas que no puedes cambiar. Cambia tu manera de mirar la verdad.