No te aferres a los símbolos, ¡sino que llega a la verdad interior!
Te digo la verdad: cualquier objeto que tengas en tu mente, por muy bueno que sea, será una barrera entre tú y la Verdad más íntima.
Cuanto menos sientes y más firmemente crees, más encomiable es tu fe y más será valorada y apreciada; porque la fe real es mucho más que una simple opinión del hombre. En ella tenemos verdadero conocimiento: en verdad, no nos falta nada salvo la fe verdadera.
La verdad es algo tan noble que, si Dios pudiera apartarse de ella, yo podría conservar la verdad y dejar que Dios se vaya.