Meditar no es cuestión de decir “voy a meditar”. Es, por un momento, retirarse de la necesidad de hacer cualquier cosa y, en cambio, simplemente ser.
No te estoy sugiriendo que tengas que superar tu miedo a la muerte. Pero debemos estar dispuestos a reconocer que, en cualquier momento, la muerte podría llegar.
En un momento sagrado, cuando la atención se retrae hacia adentro, en lugar de continuar en su dirección habitual hacia afuera, se realiza el silencio.
Cuando se detiene toda actividad mental sobre quién crees que eres o sobre lo que necesitas para ser feliz, hay una grieta en la autoridad de la percepción, en la estructura de la mente. Te invito a entrar por esa grieta. Entra por esa abertura. Cuando lo haces, la mente ya no está llena de su última auto-definición. En ese instante, solo hay silencio. Y en ese silencio, es posible reconocer el cumplimiento absoluto: la verdad de quién eres.