Cuando estás tan lleno que no hay vacío en ti, y has empezado a sentir la importancia de la existencia ordinaria de cada día, cuando vives totalmente, intensamente, apasionadamente de momento en momento, entonces Dios está disponible.
La mente está hablando constantemente. Si el diálogo interno puede detenerse incluso por un solo momento, podrás tener una vislumbre de la ausencia de mente (no-mente). Eso es de lo que trata la meditación. El estado de no-mente es el estado correcto. Es tu estado.
La relación es un espejo.. En cada momento el otro te revela, te expone. Cuanto más cercana es la relación, más claro es el espejo.
Un sannyasin es quien no tiene prejuicios, quien no ha elegido ninguna ideología para que sea suya, quien está consciente de todo sin elección. En esa ausencia de elección estarás en el centro. En el momento en que eliges, eliges algún extremo. En el momento en que eliges, eliges contra algo; de lo contrario no habría cuestión de elección. Estar en una conciencia sin elección es otro significado de estar en el medio.
En un momento profundo de amor, el pensamiento se detiene. El instante es tan intrigante, tan tremendamente poderoso, tan intensamente vivo, que el pensamiento se detiene. Tú simplemente estás asombrado; un gran asombro te rodea.
Los necios están más sanos que los llamados sabios. Viven en el momento y saben que son necios, así que no se preocupan por lo que otros piensen de ellos.
Recuerda desde este mismo momento: elige siempre lo que es bueno para ti y bueno para los demás. Elige la creatividad. Conviértete en una bendición para la existencia, porque esa es la única manera en que podemos persuadir a Dios para que se convierta en una bendición para nosotros. Esa es la única oración verdadera: llegar a ser una bendición para todos—para las personas, para los animales, para los árboles, para la vida en todas sus formas. Si uno permanece conscientemente alerta, poco a poco se aprende el arte; poco a poco se vuelve algo natural.
Este es el sueño: estar ausente, no estar presente en el momento presente, estar en algún otro lugar.
Un solo instante de amor equivale a toda la eternidad del amor.
En el momento en que entras en el mundo de las palabras, empiezas a alejarte de lo que es. Cuanto más entras en el lenguaje, más lejos estás de la existencia.
La miseria llega en el momento en que te aferras, te apega. En el momento en que pones condiciones a la vida.
En el instante de la creatividad profunda, tú desapareces; Dios vuelve a empezar a funcionar.
Así tu vida se vuelve una celebración vital, tu relación se vuelve algo festivo. Lo que sea que hagas, cada momento es una fiesta. Comes y comer se convierte en celebración; te bañas y bañarte se convierte en celebración; hablas y hablar se convierte en celebración; la relación se convierte en celebración. Tu vida exterior se vuelve festiva; no hay tristeza en ella. ¿Cómo podría existir la tristeza con el silencio?
Si sigues amando profundamente a una persona, con el tiempo el sexo desaparece. La intimidad se vuelve tan plena que ya no hace falta el sexo; el amor es suficiente por sí mismo. Cuando llega ese momento, entonces es posible que la oración amanezca en ti.