No quiero prever el futuro. Me preocupa cuidar el presente. Dios no me ha dado control sobre el momento que sigue.
La libertad externa no se nos dará, sino en la medida exacta en que hayamos conocido, en un momento dado, el desarrollo de nuestra libertad interna.
Un principio es la expresión de la perfección, y como seres imperfectos como nosotros no podemos practicar la perfección, ideamos en cada momento límites para su compromiso en la práctica.