La lección más importante que el ser humano puede aprender de la vida no es que haya dolor en este mundo, sino que es posible para él transformarlo en alegría.
El remedio para todas las enfermedades de la vida está guardado en la profundidad interior de la vida misma; el acceso a ello se vuelve posible cuando estamos solos. Esta soledad es un mundo en sí mismo, lleno de maravillas y recursos inimaginados. Está absurdamente cerca; sin embargo, tan inaccesiblemente distante.
Leemos el mundo mal y decimos que nos engaña.
Estás invitado al festival de este mundo y tu vida está bendecida.
A menos que hayas encontrado a Dios en tu propia alma, todo el mundo te parecerá sin sentido.
La mayoría de las personas cree que la mente es un espejo, que refleja el mundo exterior con más o menos precisión, sin darse cuenta de lo contrario: que la mente es, en sí misma, el elemento principal de la creación.
Creo en un mundo espiritual—no como algo separado de este mundo—sino como su verdad más íntima. Con la respiración que tomamos debemos sentir siempre esta verdad: que estamos viviendo en Dios.