La crisis no está ahí afuera en el mundo; está dentro de nuestra propia conciencia.
Para transformar el mundo, debemos empezar por nosotros mismos; y lo importante al empezar por nosotros mismos es la intención. La intención debe ser comprendernos a nosotros mismos y no dejar que otros se transformen, ni provocar un cambio modificado mediante la revolución, ya sea de izquierda o de derecha. Es importante entender que esta es nuestra responsabilidad, la tuya y la mía.
En uno mismo está todo el mundo y, si sabes cómo mirar y aprender, ahí está la puerta y la llave está en tu mano. Nadie en la Tierra puede darte ni la llave ni la puerta para abrir, excepto tú mismo.
Lo que tú eres es el mundo. Y sin tu transformación, no puede haber transformación del mundo.
Solo el amor conduce a la acción correcta. Lo que trae orden al mundo es amar y dejar que el amor haga lo que quiera.
El mundo no es algo separado de ti y de mí; el mundo, la sociedad, es la relación que establecemos o buscamos establecer entre nosotros. Así que tú y yo somos el problema, y no el mundo, porque el mundo es la proyección de nosotros mismos, y para comprender el mundo debemos comprendernos a nosotros mismos. Ese mundo no está separado de nosotros; somos el mundo, y nuestros problemas son los problemas del mundo.
El entendimiento del yo solo surge en la relación: al observarte a ti mismo en relación con las personas, las ideas y las cosas; con los árboles, la tierra y el mundo que te rodea y que hay dentro de ti. La relación es el espejo en el que se revela el yo. Sin conocimiento de uno mismo no hay base para el pensamiento y la acción correctos.
Mira lo que está pasando en el mundo: estamos siendo condicionados por la sociedad, por la cultura en la que vivimos, y esa cultura es producto del ser humano. No hay nada santo, ni divino, ni eterno en la cultura.
El hecho es que no hay nada en lo que puedas confiar; y ese es un hecho terrible, te guste o no. Psicológicamente, no hay nada en el mundo en lo que puedas poner tu fe, tu confianza o tu creencia. Ni tus dioses ni tu ciencia pueden salvarte, ni traerte certeza psicológica; y tienes que aceptar que no puedes confiar absolutamente en nada.
Ser libre no viene de cambiar o arreglar este mundo, sino de ver este mundo tal como es y abrir el corazón en medio de él.
La meditación no es la búsqueda del placer ni el intento de encontrar felicidad. Por el contrario, la meditación es un estado de la mente en el que no hay concepto ni fórmula, y por lo tanto hay libertad total. Solo a una mente así llega esa dicha sin ser buscada ni invitada. Una vez que está ahí, aunque vivas en el mundo con todo su ruido, placer y brutalidad, no tocarán esa mente.
El amor es lo más práctico del mundo. Amar, ser amable, no ser codicioso, no ser ambicioso, no dejarse influir por la gente, sino pensar por uno mismo: todo eso es muy práctico, y dará lugar a una sociedad práctica y feliz.
El factor fundamental del autoengaño es este deseo constante de ser algo en este mundo y en el mundo venidero.
Y así como somos, el mundo es. Es decir: si somos codiciosos, envidiosos, competitivos, nuestra sociedad será competitiva, envidiosa y codiciosa, lo que trae miseria y guerra. El Estado es lo que somos.