Toda creatividad es un sufrimiento profundo, a menos que tu creatividad no salga de la mente, sino de la meditación. Cuando surge de la meditación, la creatividad es compartir la alegría, compartir la dicha que tú tienes. La mente no tiene alegría: en realidad es una herida, muy dolorosa.
Y el milagro es: si puedes entrar en tu sufrimiento como en una meditación, observándolo, hasta las raíces más profundas, solo a través de observarlo, desaparece. No tienes que hacer nada más que observar. Si al observar has encontrado la causa auténtica, el sufrimiento desaparecerá.
Tanto si creas como si observas una obra objetiva de creatividad, la meditación debe ser la clave. Sin ella, la mente solo puede extender en el lienzo sus pesadillas. La mayoría de los cuadros de los grandes pintores, como Paul Gauguin o Picasso, son casi como un vómito. No podían contener su agonía y sufrimiento: era tanto que lo arrojaban al lienzo para obtener alivio. El arte objetivo real no es un alivio; no es una enfermedad que quieras eliminar. Es una bienaventuranza que quieres compartir. Y al compartir, crece: tienes más de ello, cuanto más se comparte.
Te digo que el sufrimiento no te sostiene; tú estás sosteniendo el sufrimiento.