El ajedrez encierra sabidurías profundas de la gente. Es verdaderamente una imagen de la vida: el reflejo del destino humano que nos ha mostrado el camino terrenal del sufrimiento en la oscuridad y la escasez permanente de tiempo. Como en el ajedrez, encontramos toda clase de trampas, errores, acuerdos, sacrificios, reyes y reinas, peones duplicados y movimientos extraordinarios mientras nosotros mismos estamos en el tablero.
Cada hombre, en su sufrimiento, también puede convertirse en partícipe del sufrimiento redentor de Cristo.
Jesucristo ha tomado la delantera en el camino de la cruz. Él ha sufrido primero. No nos empuja hacia el sufrimiento, sino que lo comparte con nosotros, queriendo que tengamos vida y que la tengamos en abundancia.