En una palabra, uno debería desear de Dios la ausencia de deseo. Pues el deseo, solo el deseo, está en la raíz de todo sufrimiento. Es la causa de nacimientos y muertes repetidos. Es el obstáculo en el camino hacia la liberación.
Nadie puede sufrir por todo el tiempo. Nadie pasará todos sus días en esta tierra sufriendo. Cada acción trae su propio resultado, y uno obtiene sus oportunidades en consecuencia.
Incluso los Avatares, los santos y los sabios tienen que atravesar la prueba del sufrimiento, porque asumen sobre sí la carga de los pecados de omisión y de comisión de los seres humanos ordinarios y, con ello, se sacrifican por el bien de la humanidad.
No tengas miedo. El nacimiento humano está lleno de sufrimiento y uno tiene que soportarlo todo con paciencia, tomando el Nombre de Dios. Nadie, ni siquiera Dios en forma humana, puede escapar de los sufrimientos del cuerpo y la mente.