Él anhela darnos una recompensa magnífica. Sabe que el sufrimiento es el único medio para prepararnos para conocerlo a Él como Él se conoce a sí mismo, y para convertirnos en nosotros mismos divinos.
¿Cómo puede estar feliz el buen Dios que tanto nos ama cuando sufrimos? Nunca nuestro sufrimiento lo hace feliz; pero es necesario para nosotros, y por eso Él nos lo envía mientras, por así decirlo, aparta su Rostro. ...Te aseguro que le cuesta mucho llenarnos de amargura.
Cuando esperamos solo sufrimiento, la menor alegría nos sorprende: el sufrimiento mismo se convierte en la mayor de las alegrías cuando lo buscamos como un tesoro precioso.
Dios daría vuelta al mundo para encontrar sufrimiento y dárselo a un alma a la que Él ha fijado Su mirada divina con un amor inefable.
Estoy sufriendo muchísimo, pero ¿estoy sufriendo muy bien? ¡Ahí está el punto!
El sufrimiento es el mejor regalo que Él puede darnos. Se lo da solo a sus amigos elegidos.