En una palabra, uno debería desear de Dios la ausencia de deseo. Pues el deseo, solo el deseo, está en la raíz de todo sufrimiento. Es la causa de nacimientos y muertes repetidos. Es el obstáculo en el camino hacia la liberación.
Somos los creadores de nuestra propia felicidad y sufrimiento, porque todo se origina en la mente.
Sal y sirve al sufrimiento. Aprende a poner a los demás delante de ti.
Mi trabajo como ser humano es aquietar mi mente, abrir mi corazón y hacer lo que pueda para aliviar el sufrimiento con la mayor sabiduría, habilidad, lo que sea que tenga.
El sufrimiento es una ilusión.
Dios debe ser reconocido en todo lo que existe: todo lo que es encantador, lo que sufre, lo que florece o lo que se marchita.
Es cuando experimentas el sufrimiento de otro como si fuera el tuyo que se manifiestan tus valores humanos.
La vida está llena de sufrimiento, pero también está llena de muchas maravillas.
La fuente del amor está profundamente en nosotros y podemos ayudar a otros a realizar mucha felicidad. Una palabra, una acción, un pensamiento pueden reducir el sufrimiento de otra persona y traerle alegría.
Puede ser que intentemos recordar a Dios cuando estamos cómodamente situados. Pero la prueba de si Él realmente ha entrado en nuestros corazones es si lo recordamos en la enfermedad, el sufrimiento, la oposición y los tiempos de tentación.
Cuando otra persona te hace sufrir, es porque sufre profundamente dentro de sí, y su sufrimiento se desborda. No necesita castigo; necesita ayuda. Ese es el mensaje que está enviando.
Es vana la palabra del filósofo que no cura ningún sufrimiento del ser humano. Pues así como no hay provecho en la medicina si no expulsa las enfermedades del cuerpo, tampoco lo hay en la filosofía si no expulsa el sufrimiento de la mente.
El argumento vacío del filósofo que no alivia ningún sufrimiento humano.
La compasión se refiere al surgimiento en el corazón del deseo de aliviar el sufrimiento de todos los seres.
Creo que la naturaleza destructiva de la sociedad que ahora amenaza la existencia de todo el mundo humano tiene mucho que ver con la inteligencia humana. La manera de superar todo sufrimiento humano—también es mediante la inteligencia humana.
Así hablan con suavidad sobre el progreso y la mayor felicidad posible, olvidando que la felicidad misma está envenenada si no se ha cumplido la medida del sufrimiento.
Cúmpleme, hazme feliz, haz que me sienta seguro, dime quién soy. El mundo no puede darte esas cosas, y cuando ya no tienes tales expectativas, todo sufrimiento creado por ti mismo llega a su fin.
El ajedrez encierra sabidurías profundas de la gente. Es verdaderamente una imagen de la vida: el reflejo del destino humano que nos ha mostrado el camino terrenal del sufrimiento en la oscuridad y la escasez permanente de tiempo. Como en el ajedrez, encontramos toda clase de trampas, errores, acuerdos, sacrificios, reyes y reinas, peones duplicados y movimientos extraordinarios mientras nosotros mismos estamos en el tablero.
Sufre lo que haya que sufrir. Disfruta lo que haya que disfrutar. Considera tanto el sufrimiento como la alegría como hechos de la vida.
En la medida en que queremos servir, en esa medida, gradualmente, según nuestra sinceridad, eliminamos todo sufrimiento.
Los sentimientos, por sí mismos, no crean problemas. Más bien, es la tendencia a interpretarlos y analizarlos. Cuando, por hábito, crees esas interpretaciones, ahí es donde comienza el sufrimiento.
El dolor mismo destruye el dolor. El sufrimiento mismo libera al hombre del sufrimiento.
El sufrimiento más puro lleva y transporta en su estela la comprensión más pura.
Cada religión enfatiza la mejora humana, el amor, el respeto por los demás y compartir el sufrimiento de otras personas. En esas líneas, todas las religiones tenían más o menos el mismo punto de vista y el mismo objetivo.
El sufrimiento nos hace capaces de la fuerza total del Maestro del Deleite; también nos hace capaces de soportar el juego total del Maestro del Poder. El dolor es la llave que abre las puertas de la fortaleza; es el camino elevado que conduce a la ciudad de la bienaventuranza.