Lo único en lo que puedes confiar es el favor de Dios. No construyas ni en tu estudio ni en tu meditación, aunque ambas te ayudan. Pero tú dependes de Dios, ni siquiera de tu murshid. Búscalo, confía en Él. En Él está el propósito de tu vida, y en Él está escondido el resto de tu alma.
La quietud es el secreto de toda contemplación y meditación, el secreto para sintonizar con ese aspecto de la vida que es la esencia de todas las cosas. Cuando uno no está acostumbrado a tomar quietud, no sabe qué hay detrás de su propio ser.
Cuanto más se desarrolla la sinceridad, mayor será tu participación en la verdad. Y, por mucho que una persona tenga sinceridad, siempre hay una brecha que llenar, porque vivimos en medio de la falsedad y siempre estamos propensos a dejarnos llevar por este mundo de falsedad. Por lo tanto, nunca debemos pensar que somos lo suficientemente sinceros, y debemos estar siempre alerta ante influencias que puedan alejarnos de esa sinceridad que es el puente entre nosotros y nuestro ideal. Ningún estudio, ninguna meditación es más útil que la sinceridad misma.