Desata tu deseo; no lo limites a lo limitado. En la inmensidad del deseo está tu naturaleza última.
Dondequiera que estés, sea lo que sea que seas, si estás dispuesto a esforzarte, puedes evolucionarte más allá de las limitaciones de la naturaleza.
Si conocieras la verdadera naturaleza de tu existencia, podrías representar el drama de la vida de la manera que quieras, en el grado que quieras.
La naturaleza de la vida es tal que, si la dejas fluir, la vida es una experiencia hermosa. Si te contienes, se convierte en miseria.
La naturaleza te dio esta inteligencia para buscar y acceder al Infinito, no para calcular con números limitados.
Si estamos en sintonía con las leyes fundamentales de la naturaleza, disfrutaremos el proceso de la vida. De lo contrario, el sufrimiento es inevitable.
Si quieres que tu cuerpo y tu cerebro funcionen bien, lo primero es volverte alegre por tu propia naturaleza.