Purifica tu corazón de la malicia y, inocente de la envidia, entra en el tribunal divino de la santidad.
En el jardín de tu corazón, no plantes nada más que la rosa del amor.
El amor es una luz que nunca habita en un corazón poseído por el miedo.
Que tu mirada sea casta, tu mano fiel, tu lengua veraz y tu corazón iluminado.
El Buscador Verdadero debe, antes que nada, purificar su corazón.
Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad. Sé justo en tu juicio y cuida tu forma de hablar. Sé una lámpara para quienes caminan en la oscuridad, y un hogar para el forastero. Sé ojos para los ciegos y una luz guía para los pies de quien yerra. Sé un soplo de vida para el cuerpo de la humanidad, un rocío para el suelo del corazón humano, y un fruto sobre el árbol de la humildad.
No te conformes con mostrar amistad solo con palabras; deja que tu corazón arda con bondad amorosa para todos los que crucen tu camino.