Lo que otros piensen de nosotros no es asunto nuestro: es asunto de ellos... Solo importa que irradiemos vida. Cada individuo debe ser una alegría para sí mismo, para su familia y para su sociedad.
No hay nada en la vida que merezca tomarse en serio, excepto la alegría de vivir.
A partir de pequeñas, pequeñas olas de alegría, se llega al océano de la felicidad, que se llama bienaventuranza.
Nacerá una nueva humanidad, más plena en la concepción y más rica en experiencia y logros en todos los campos. La alegría de vivir pertenecerá a todo hombre; el amor dominará la sociedad humana; la verdad y la virtud reinarán en el mundo; la paz en la Tierra será permanente y todos vivirán en plenitud, en plenitud de vida en la Conciencia de Dios.
Nada de afuera puede impedir que un hombre disfrute de una paz duradera y una alegría permanente en la vida, porque es la naturaleza esencial de su propio alma.
Afuera está la alegría de la gota. Adentro está la alegría del océano.