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Citas sobre la alegría de Sri Nisargadatta Maharaj

  • Conocer el yo como la única realidad y todo lo demás como algo temporal y transitorio es libertad, paz y alegría. Todo es muy simple. En lugar de ver las cosas como imaginadas, aprende a verlas como son. Cuando puedas ver todo tal como es, también te verás a ti mismo tal como eres. Es como limpiar un espejo. El mismo espejo que te muestra el mundo tal como es, también te mostrará tu propio rostro. El pensamiento «yo soy» es el paño para pulir. Úsalo.
  • Detente, mira, investiga, haz las preguntas correctas, llega a las conclusiones adecuadas y ten el valor de actuar según ellas y ver qué sucede. Los primeros pasos pueden hacer que se te venga abajo el techo encima, pero pronto el alboroto se despejará y habrá paz y alegría.
  • No hay nada malo en la dualidad mientras no cree conflicto. La multiplicidad y la variedad sin lucha son alegría. En la conciencia pura hay luz. Para el calor se necesita contacto. Por encima de la unidad del ser está la unión del amor. El amor es el propósito de la dualidad.
  • El mundo no cede ante el cambio. Por su propia naturaleza es doloroso y transitorio. Obsérvalo tal como es y deshazte de todo deseo y miedo. Cuando el mundo no te sostiene ni te ata, se convierte en un hogar de alegría y belleza. Solo puedes ser feliz en el mundo cuando estás libre de él.
  • Simplemente seguí la instrucción de (mi maestro), que era enfocar la mente en el ser puro «Yo soy», y permanecer en ello. Solía sentarme durante horas, con nada más que el «Yo soy» en mi mente, y pronto la paz y la alegría y un amor profundo que lo abarca todo se convirtieron en mi estado normal. En ese estado desapareció todo: yo, mi Gurú, la vida que vivía, el mundo que me rodeaba. Solo quedó la paz y un silencio insondable.
  • Puedes convertirte en un vigilante nocturno y vivir feliz. Lo que importa es lo que eres por dentro. Tu paz interior y tu alegría tienes que ganártelas. Es mucho más difícil que ganar dinero. Ninguna universidad puede enseñarte a ser tú mismo.
  • Toda felicidad proviene de la conciencia. Cuanto más conscientes somos, más profunda es la alegría. Aceptar el dolor, no resistirse, tener valentía y perseverar: estas cosas abren fuentes profundas y perennes de felicidad real, de dicha verdadera.