Dormí y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Actué y he aquí: el servicio era alegría.
La lección más importante que el ser humano puede aprender de la vida no es que haya dolor en este mundo, sino que es posible para él transformarlo en alegría.
El arte despierta un sentido de lo real al establecer una relación íntima entre nuestro ser interior y el universo en grande, llevándonos a una conciencia de una alegría profunda.
Solo los de mentes tranquilas, y ninguno más, pueden alcanzar una alegría duradera, al realizar dentro de sus almas al Ser que manifiesta una sola esencia en una multiplicidad de formas.