La belleza física y la fealdad no son tan importantes. Lo real es lo interior. Puedo enseñarte cómo ser hermoso desde dentro, y eso es la belleza real. Una vez que está ahí, tu forma física no importará tanto. Tus ojos empezarán a brillar con alegría; tu rostro tendrá un destello, una gloria. La forma se volverá inmaterial. Cuando algo empieza a fluir desde dentro de ti, cierta gracia, entonces la forma externa se deja de lado.
Las personas solo pueden ser felices de una manera: si son auténticamente ellas mismas. Entonces las fuentes de la felicidad empiezan a fluir; se vuelven más vivas; se convierten en una alegría de ver, una alegría de estar con ellas; son una canción, son un baile.
El día en que creas que lo sabes, tu muerte ha ocurrido: porque ahora no habrá asombro ni alegría ni sorpresa. Ahora vivirás una vida muerta.
Toda creatividad es un sufrimiento profundo, a menos que tu creatividad no salga de la mente, sino de la meditación. Cuando surge de la meditación, la creatividad es compartir la alegría, compartir la dicha que tú tienes. La mente no tiene alegría: en realidad es una herida, muy dolorosa.
La meditación no es más que un esfuerzo por dejar caer todos los elementos extraños para que puedas verte a ti mismo tal como eras antes de haber nacido, reflejado en su pureza. Es un gran silencio y una gran alegría estar allí; y una vez que empiezas a permanecer allí, no hay muerte y no hay tiempo. Desaparece todo miedo, toda codicia, toda ira: uno simplemente está allí, sin idea, sin deseo.
No hay Dios, pero ciertamente hay una cualidad a la que llamo divinidad. Comprende compasión, amor, amistad, alegría, creatividad. Te trae nuevas canciones, te trae nuevas danzas. Te trae la verdad y tu inmersión en la verdad.