Cada ser humano es el autor de su propia salud o de su propia enfermedad.
No te lamentes en vano, sino maravíllate ante la ley de la transitoriedad y aprende de ella la vaciedad de la vida humana. No atesores un deseo indigno de que lo cambiante se vuelva inmutable.
El número de quienes están dotados de vida humana es tan pequeño como la cantidad de tierra que uno puede poner en la uña de un dedo. La vida como ser humano es difícil de sostener—tan difícil como lo es para el rocío permanecer sobre la hierba. Pero es mejor vivir un solo día con honor que vivir hasta los 120 y morir en desgracia.
Toda infelicidad humana proviene de no enfrentar la realidad de frente, tal cual es.