Si no hay conciencia de Dios en la vida humana, entonces uno buscará solo la mortalidad, no la inmortalidad.
Una persona que percibe que Dios habita en cada ser humano, en todo, se vuelve humilde.
Solo los seres humanos pueden cambiar sus caminos malos, sus altibajos, sus trampas, sus fallas, su ira, su orgullo: todas sus malas cualidades. Entonces pueden experimentar su propia naturaleza divina.
La evolución es el símbolo de la vida, y hay evolución visible en el mundo externo. También debería haber evolución interna en cada ser humano, de la animalidad a la racionalidad, y luego a la divinidad.