El amor humano ordinario produce miseria. El amor por Dios trae bienaventuranza.
Incluso los Avatares, los santos y los sabios tienen que atravesar la prueba del sufrimiento, porque asumen sobre sí la carga de los pecados de omisión y de comisión de los seres humanos ordinarios y, con ello, se sacrifican por el bien de la humanidad.
No tengas miedo. El nacimiento humano está lleno de sufrimiento y uno tiene que soportarlo todo con paciencia, tomando el Nombre de Dios. Nadie, ni siquiera Dios en forma humana, puede escapar de los sufrimientos del cuerpo y la mente.