Hambriento no solo de pan, sino hambriento de amor. Desnudo no solo por la ropa, sino desnudo de dignidad y respeto humanos. Sin hogar no solo por la falta de una casa de ladrillos, sino sin hogar por el rechazo.
La llegada de Jesús en Belén trajo alegría al mundo y a cada corazón humano. Que Su llegada en esta Navidad nos traiga a cada uno de nosotros esa paz y esa alegría que Él desea darnos.
Veo a Dios en cada ser humano. Cuando lavo las heridas del leproso, siento que estoy cuidando al Señor mismo. ¿No es una experiencia hermosa?
¡Cuántas veces hemos recogido en las calles a seres humanos que habían vivido como animales y anhelaban morir como ángeles!