Ramana Maharshi Citas sobre la rendición
El «yo» desecha la ilusión del «yo» y, aun así, permanece «yo». Así es la paradoja de la autorrealización. Los realizados no ven ninguna paradoja en ello. Considera el caso del adorador: se acerca a Dios y le reza para ser absorbido en Él. Luego se entrega en la fe y por la concentración. ¿Y qué queda después? En el lugar del «yo» original, la entrega a sí mismo deja un residuo de Dios, en el cual el «yo» se pierde. Esa es la forma más alta de devoción o entrega y el punto máximo del desapego.
Pon tu carga a los pies del Señor del universo, que siempre es victorioso y lo realiza todo. Permanece todo el tiempo firme en el corazón, en el Absoluto Trascendental. Dios conoce el pasado, el presente y el futuro. Él determinará el futuro para ti y realizará la obra. Lo que deba hacerse se hará en el momento adecuado. No te preocupes. Quédate en el corazón y entrega tus actos a lo Divino.
Por cualquier camino que vayas, tendrás que perderte en el Uno. La rendición es completa solo cuando alcanzas la etapa «Tú eres todo» y «hágase tu voluntad».
Basta con que te entregues. Entregarse es rendirse a la causa original de tu ser. No te engañes imaginando que esa fuente es algún Dios fuera de ti. La fuente de uno está dentro de uno mismo. Entrégate a ella. Eso significa que debes buscar la fuente y fundirte en ella.
La gracia está siempre presente. Todo lo necesario es que te entregues a ella.
Las dudas surgen por la ausencia de entrega.
La fuerza de voluntad debe entenderse como la fortaleza de la mente, que la hace capaz de enfrentar el éxito o el fracaso con ecuanimidad. No es sinónimo de éxito seguro. ¿Por qué los intentos de uno deberían ir siempre acompañados de éxito? El éxito engendra arrogancia y así se detiene el progreso espiritual del hombre. El fracaso, en cambio, es beneficioso, en la medida en que le abre los ojos a sus limitaciones y lo prepara para rendirse. La rendición a uno mismo es sinónimo de felicidad eterna.
Rendirse es entregarse a la causa original del propio ser.
