Deberíamos darnos cuenta de que, sin importar dónde o cómo muera un hombre, si está en el estado de pecado mortal y no se arrepiente, cuando podría haberlo hecho y no lo hizo, el Diablo le arranca el alma de su cuerpo con tal angustia y aflicción que solo una persona que lo haya vivido puede apreciarlo.
¡Qué maravillosa majestad! ¡Qué condescendencia asombrosa! ¡Oh humildad sublime! Que el Señor de todo el universo, Dios y el Hijo de Dios, se humille así bajo la forma de un poco de pan, para nuestra salvación... En este mundo no puedo ver con mis propios ojos al Altísimo Hijo de Dios, excepto Su Cuerpo y Su Sangre Santísimos.
Te ruego que muestres la mayor reverencia y honor por el Cuerpo y la Sangre santísimos de nuestro Señor Jesucristo, por medio de los cuales todas las cosas, tanto en la tierra como en el cielo, han sido llevadas a la paz y reconciliadas con el Dios Todopoderoso
Y así como Él se apareció ante los santos Apóstoles en verdadera carne, así ahora nos hace verlo en el Pan Sagrado. Al mirarlo con los ojos de su carne, solo vieron su Carne, pero al considerarlo con los ojos del espíritu, creyeron que Él era Dios. Del mismo modo, como vemos el pan y el vino con nuestros ojos corporales, veámoslo y creamos firmemente que es su Cuerpo y Sangre Santísimos, Verdaderos y Vivos. Porque de esta manera nuestro Señor está siempre presente entre quienes creen en Él, según lo que Él dijo: «Mirad, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo»."
Ten paciencia, porque las debilidades del cuerpo nos son dadas en este mundo por Dios para la salvación del alma. Por eso tienen un gran mérito cuando se soportan con paciencia.
La obediencia santa confunde todos los deseos corporales y carnales y mantiene el cuerpo mortificado a la obediencia del espíritu y a la obediencia del propio hermano, y hace que un hombre sea sometido a todos los hombres de este mundo y no solo a los hombres, sino también a todas las bestias y animales salvajes, para que puedan hacer con él todo lo que quieran, en la medida en que se les conceda desde arriba por el Señor.
....En este mundo no puedo ver con mis propios ojos al Hijo del Dios Altísimo, excepto Su Cuerpo y Su Sangre Santísimos.
Y en cualquier predicación que hagas, amonesta a la gente sobre el arrepentimiento, y que nadie puede ser salvado excepto quien reciba el Cuerpo y la Sangre santísimos de nuestro Señor. Y cuando Él sea sacrificado en el altar por el sacerdote o llevado a cualquier lugar, que toda la gente, de rodillas, rinda alabanza, gloria y honor al Verdadero y Viviente Señor Dios.