El arte de vivir consiste en lograr un equilibrio entre la torpeza de nuestro cuerpo y la elegancia de nuestra alma.
No es el cuerpo lo que la gente ama, sino el alma. El cuerpo es un vehículo temporal. Sin el alma, el cuerpo es como un coche sin conductor. Yo veo con mis ojos, huelo con mi nariz, saboreo con mi lengua, oigo con mis oídos, siento con mi piel, pienso con mi cerebro y amo con mi corazón. Pero, ¿quién soy yo? ¿Quién es el testigo, el que disfruta y el que sufre que activa mi cuerpo?
La verdadera renuncia, ya sea que uno sea sannyasi, vanaprastha, grihastha o brahmachari, es usar el cuerpo, la mente, las palabras y la vida en el servicio de Krishna, de los vaisnavas y de otros seres vivos.