Mientras un hombre tenga deseos, no habrá fin a su transmigración. Son solo los deseos los que hacen que tome un cuerpo tras otro. Habrá renacimiento para un hombre si incluso tiene el deseo de comer un pedazo de caramelo.
Por muy fuerte o hermoso que pueda ser este cuerpo, su culminación está en esos tres kilos de ceniza. Y aun así la gente se apega tanto a él. Gloria a Dios.
La diferencia entre un gran alma y un hombre común es esta: el primero llora al dejar este cuerpo, mientras que el segundo ríe. La muerte le parece a él un simple juego.
Todo, esposo, esposa o incluso el cuerpo, es solo ilusorio. Estas son todas cadenas de ilusión. A menos que puedas liberarte de estas ataduras, nunca podrás llegar a la otra orilla del mundo.
No tengas miedo. El nacimiento humano está lleno de sufrimiento y uno tiene que soportarlo todo con paciencia, tomando el Nombre de Dios. Nadie, ni siquiera Dios en forma humana, puede escapar de los sufrimientos del cuerpo y la mente.