Habrá vida después de Mandela. En mi último día quiero saber que quienes queden dirán: “El hombre que yace aquí cumplió con su deber para su país y su pueblo”.
Como nación, tenemos la obligación de poner sol en los corazones de nuestros pequeños. Son nuestras posesiones más preciadas. Merecen la felicidad que la vida puede ofrecer.
Superar la pobreza no es un gesto de caridad. Es un acto de justicia. Es la protección de un derecho humano fundamental: el derecho a la dignidad y a una vida digna...
No hay pasión en jugar a ser pequeño: en conformarte con una vida menor que la que eres capaz de vivir.
Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de que hayamos vivido. Lo que determinará la significación de la vida que llevamos es la diferencia que hayamos hecho en la vida de los demás.
No hay nada más importante en la vida que dar. La tolerancia se forja cuando las personas miran más allá de sus propios deseos.
Nunca he considerado a ningún hombre como mi superior, ni en mi vida fuera ni dentro de la prisión.
Pocas cosas hacen la vida de un padre más gratificante y dulce que los hijos exitosos.