La vida debe ser una preparación para la transición a otra dimensión.
Una cosa que estos budistas han acertado con seguridad es que prestar atención a la atención es la clave para tomar el control de tu vida mental.
En el chamanismo y en ciertas yogas, el yoga taoísta, se afirma muy claramente que el propósito es familiarizarte con este cuerpo después de la muerte, en la vida; y entonces el acto de morir no creará confusión en la psique. Reconocerás lo que está ocurriendo. Sabrás qué hacer. Y harás el corte limpio.
Creo que la verdadera prueba de los psicodélicos es lo que haces con ellos cuando no estás bajo su efecto: qué tipo de cultura construyes, qué tipo de arte, qué tipo de tecnologías... Lo que falta en la mente occidental es el sentido de conectividad y de relación con el resto de la vida, con la atmósfera, con el ecosistema, con el pasado y con el futuro de nuestros hijos. Si sintiéramos esas cosas, no estaríamos practicando la cultura como la practicamos.
La vida vivida en ausencia de la experiencia psicodélica sobre la cual se basa el chamanismo primordial es una vida trivializada, una vida negada, una vida esclavizada al ego.
No sé cómo es la vida sin cannabis; escucho que existe algo así.
Si las palabras “vida, libertad y la búsqueda de la felicidad” no incluyen el derecho a experimentar con tu propia conciencia, entonces la Declaración de Independencia no vale el cáñamo sobre el que fue escrita.